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“Materia y conciencia” de Paul M. Churchland (1984)

01/2013

Materia y conciencia

Resumen de Materia y Conciencia de Paul M. Churchland

(perspectivas ontológica y metodológica).

Desde un punto de vista ontológico (qué cosas existen y cuál es su esencia) referido a la mente, hay básicamente dos teorías: dualista y materialista.

 

1)     La teoría dualista de la mente afirma que los estados y procesos mentales no son simplemente estados y procesos de un sistema puramente físico, sino que constituyen un tipo específico de fenómeno de naturaleza esencialmente no física.

 

El obispo George Berkeley (1685-1753) afirmó que los objetos materiales no existen sino como los “objetos” o “contenedores” de los estados de percepción de mentes conscientes. Dicho de otra manera, que el mundo material no es otra cosa que un sueño coherente.

 

Si se sostiene que el mundo material es simplemente el sueño de uno, entonces uno es un idealista subjetivo. Si se sostiene, como Berkeley, que el mundo material es el sueño de Dios, un sueño que todos compartimos, entonces uno es un idealista objetivo. En ambos casos, el elemento fundamental de la existencia es la mente, no la materia. De allí el termino idealismo.

2)     La teoría materialista de la mente, también denominada fisicalista, afirma que lo que denominamos estados y procesos mentales son simplemente estados y procesos muy sofisticados de un sistema físico complejo: el cerebro.

Dentro de esta teoría materialista se pueden distinguir cuatro corrientes:

 

2.1 Conductismo filosófico. Tuvo su mayor periodo de apogeo  durante las dos décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. No es tanto una teoría sobre qué son los estados mentales (su naturaleza interna) sino más bien una teoría sobre como analizar o comprender el vocabulario que utilizamos para hablar sobre ellos.

Específicamente lo que se afirma es que, cuando hablamos acerca de emociones, sensaciones, creencias y deseos, no hablamos sobre episodios internos fantasmales, sino que se trata de una forma abreviada de hablar sobre modelos reales y potenciales de conducta humana.

Propugna las definiciones operacionales: definiciones objetivas donde una conducta puede observarse, medirse y registrarse por múltiples observadores.

Ejemplos de definiciones:
No operacional: el azúcar es soluble
Operacional: si el azúcar se pone en agua no saturada, entonces se disuelve.
 
No operacional: la inteligencia es la capacidad de entender, asimilar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas
Operacional: la inteligencia es la respuesta a una determinada prueba de inteligencia.

 

2.2 Materialismo reduccionista: conocido más comúnmente como teoría de la identidad, es la más directa de la teoría materialista de la mente: los estados mentales son estados físicos del cerebro. Es decir, cada tipo de estado o procesos mental es numéricamente idéntico (es una y la misma cosa que) a algún tipo de estado o proceso físico dentro del cerebro o del sistema nervioso central. Desde un punto de vista del materialismo fuerte o extremo, si se llegara a replicar fielmente mi cerebro por cualquier medio ─molécula a molécula, átomo a átomo─, el producto final pensaría y sentiría realmente como yo lo hago.

 

2.3 Funcionalismo: El rasgo esencial o definitorio de todo tipo de estado mental es el conjunto de relaciones causales (causa-efecto) que mantiene con los efectos ambientales sobre el cuerpo, otros tipos de estados mentales y la conducta del cuerpo.

Esta teoría es heredera del conductismo filosófico, pero existe una diferencia fundamental entre ambas teorías. Mientras que el conductista trata de definir todo tipo de estado mental exclusivamente en términos de estímulo ambiental y respuesta en forma de conducta, el funcionalista niega esta posibilidad. A su modo de ver, la caracterización adecuada de casi todos los estados mentales supone una referencia ineludible a una variedad de otros estados mentales con los cuales tiene una conexión causal. Si bien los funcionalistas no aceptan la teoría de la identidad, sí se suscribe una forma más débil de esta teoría según la cual un símbolo de lo mental es igual a un símbolo de lo físico.

El funcionalismo constituye probablemente la teoría de la mente más ampliamente aceptada entre filósofos, psicólogos cognitivos e investigadores en el campo de la inteligencia artificial. En este ámbito, las teorías funcionalistas sugieren que lo que realmente importa en una mente, son los procesos y las funciones ─los circuitos, sus interconexiones, sus relaciones─ y no los aspectos particulares del medio físico en el que tiene lugar dichos procesos. La posibilidad de una capacidad sensorial artificial se basa evidentemente en un punto de vista funcionalista, por lo que los funcionalistas no aceptan la teoría de la identidad, que atendería más bien al materialismo reduccionista.

Una hipótesis central de esta perspectiva funcionalista es que el pensamiento consciente es más bien la propia sensación generada por un tipo concreto de procesamiento de información. Que este procesamiento suceda dentro de una masa biológica de un kilo y medio o dentro de los circuitos de un computador, sería irrelevante.

 

2.4 Materialismo eliminativo. El marco de referencia conceptual de la psicología popular (creencias, deseos, temores, sensaciones, dolor, alegría…) desaparecerá con el avance de las neurociencias, al igual que otros elementos han desaparecido de la ontología aceptada históricamente (el flogisto medieval, la sustancia “calórica”, el geocentrismo, las brujas…), porque para el materialismo eliminativo la psicología tradicional es un concepto primitivo, obsoleto y confuso de las actividades internas del cerebro. Una neurociencia con potencia explicativa no reflejará la ontología actual psicológica porque estaremos en un nuevo paradigma.

 

Desde un punto de vista metodológico, hay dos grandes grupos de métodos intelectuales para la investigación de la mente: filosóficos y científicos:

1)     Métodos filosóficos:

Son métodos especulativos basados en la introspección, la reflexión y la auto-comprensión de la mente y en concreto de la conciencia. Fenomenología es el nombre de una tradición filosófica moderna centrada en Europa continental en la que se cree que el conocimiento de la mente sólo puede lograrse con métodos diferentes a los de la ciencia. Husserl (1859-1938) llevó a cabo su investigación fenomenológica dentro de un marco aproximadamente cartesiano denominado reducción fenomenológica, en el que la mente y la materia son igualmente reales y su principal interés era entender la intencionalidad de la conciencia, intencionalidad en el sentido de que aluden o señalan algo más allá de ella misma (ser conscientes de algo, es decir, no sólo que temo, percibo o juzgo algo, sino que temo algo, percibo algo y juzgo algo).

 

2)     Métodos científicos:

2.1   Conductismo metodológico.

Nace como una reacción  contra las tendencias dualistas e introspectivas de la psicología que lo precedió, avivada por las tesis cientifistas del positivismo lógico de que todo término teórico significativo debe admitir una definición operacional en términos de elementos observables.

En su forma más contundente, exige que los términos teóricos acuñados por la ciencia de la psicología, deban definirse operacionalmente, con el fin de garantizar que la psicología mantenga un firme contacto con la realidad empírica.

Según el conductismo, la obligación primera y principal de la ciencia de la psicología es explicar la conducta de cualquier criatura que estudie, incluyendo a los seres humanos. Por conducta, los conductistas entienden la actividad por todos observable, medible, registrable de los sujetos estudiados: movimientos corporales, sonidos emitidos, interacciones con el medio, etc.

Para los conductistas, la introspección es subjetiva y por lo tanto no susceptible de métodos empíricos, por lo que el estudio de los estados mentales no es fiable, no es contrastable. Wittgenstein es un referente del enfoque semántico y metodologico conductista.

 

2.2   Enfoque cognitivo (computacional).

Se enmarca dentro de la concepción funcionalista de la mente, donde los estados mentales son estados portadores de información. Es un enfoque del procesamiento de la información mental, o simplemente enfoque computacional.

Es un enfoque top-down (de arriba hacia abajo) porque se comienza con la comprensión corriente de lo que hacen las criaturas inteligentes y luego se pregunta qué clase de operaciones subyacentes podrían producir o explicar esas actividades cognitivas. Uno de los problemas consiste en que para cualquier relación entre entradas y salidas de la mente, pueden existir infinidad de procesos computacionales diferentes que producirán exactamente esa relación.

La meta de la psicología cognitiva es explicar las diversas actividades o facultades cognitivas que constituyen la inteligencia –percepción, memoria, inferencia, deliberación, aprendizaje, uso del lenguaje…–.

La meta de la inteligencia artificial es diseñar sistemas computacionales capaces de todas y cada una de las conductas inteligentes observadas en la inteligencia natural. La hipótesis del sistema de símbolos ─HSS─ conjetura que en principio es posible construir un sistema universal de símbolos que piense.

 

2.3   Materialismo metodológico.

Es un enfoque bottom-up (de abajo hacia arriba) donde la idea básica es que las actividades cognitivas son actividades sólo del cerebro y del sistema nervioso (teoría de la identidad); y si queremos entenderlas, la mejor manera es analizar el cerebro y el sistema nervioso, descubriendo la estructura y conducta de sus elementos más pequeños, sus interconexiones e interactividad, su desarrollo en el tiempo y su control colectivo de la conducta.

La convicción del materialismo metodológico es que si comenzamos a entender la conducta física, química, eléctrica y evolutiva de las neuronas, de los sistemas de neuronas y estructuras mayores, podremos comprender cómo funciona la inteligencia natural.

      

 

Probablemente la conjunción de todos los métodos, tanto filosóficos como científicos ayude a dilucidar qué son y cómo se producen los procesos mentales.

Arturo Gradolí.

Octubre 2013

www.neurofilosofia.com

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