Neurofilosofía

neurofilosofia

Tambien puede usar
las teclas del teclado
y
para navegar

Neuroeconomía y el «homo neuroeconomicus»

01/2013

Neuroeconomia resumen pdf

dinero1. Introducción
2. Neurociencias
3. Neurofilosofía
4. «Homo economicus»
5.  Teoría de los juegos en economía
6. Neurodeterminismo y neurocompatibilismo
7. Instintos y emociones
8. Neuroeconomía

 

  1. Introducción

Este estudio tiene como objetivo la divulgación y explicación de las nociones básicas sobre neuroeconomía: reciente disciplina científica que estudia los comportamientos humanos económicos haciendo uso de las técnicas de la neurociencia cognitiva, tales como las neuroimágenes funcionales.

 

Un rodeo descriptivo por los conceptos de neurociencia, neurofilosofía, «homo economicus», neurodetermismo, emociones y las teorías de juegos utilizados por los investigadores en economía, servirán de soporte intuitivo para comprender qué es esta nueva disciplina.

 

Aprovecho para introducir mi hipótesis del «homo neuroeconomicus» de carácter neurocompatibilista, que a mi entender, complementa la tesis de Herbert Simon y su definición de  «hombre de racionalidad limitada».

 

2. Neurociencias

Las neurociencias son las ciencias que estudian el cerebro humano, que tratan de explicar su estructura y funciones utilizando técnicas avanzadas de visualización interna cerebral. Es decir, tratan de explicar su estructura física: de qué está formado el cerebro, y su estructura funcional: cómo funcionan los procesos básicos físico-químicos y los procesos mentales conscientes e inconscientes, tales como la abstracción, la emocionalidad, la intuición, la volición y el aprendizaje, entre otros.

 

Las neurociencias utilizan el método científico de observación, experimentación e hipótesis. La tecnología más empleada actualmente para investigación son las neuroimágenes: la Resonancia Magnética y las tomografías TAC, que permiten observar en vivo, imágenes y videos de la actividad cerebral.

 

El objeto de estudio: el cerebro, es un órgano que nos posibilita el pensar, desear, razonar, elegir, decidir acciones y anticipar hechos. Una característica importante del cerebro es su plasticidad, es decir, su capacidad de aprendizaje y de adaptación estructural en respuesta a su interrelación con el mundo externo.

 

Algunas disciplinas neurocientíficas pueden ser las siguientes: neuroquímica, neu­rocirugía, neurociencia cognitiva, neurociencia computacional, neuroeconomía, neuromarketing, neuroempresa y neuropsicología.

 

Por ejemplo, el neuromarketing es una disciplina que, utilizando los estudios de imágenes cerebrales y conociendo las áreas del cerebro que se activan ante decisiones de compra, permite diseñar una publicidad para distintos productos, mejorando así su venta.

 

3. Neurofilosofía

El término neurofilosofía fue introducido probablemente por Patricia S. Churchland en 1990, como una filosofía sobre el hombre que se sustenta sobre los pilares sólidos de los conocimientos que aporte la neurociencia. Su enfoque es naturalista, debido a que piensa que la investigación científica es la mejor fuente para entender la naturaleza del cerebro-mente.

 

La neurofilosofía reconoce en el método científico la capacidad de explicar los me­canismos cerebrales que producen los procesos mentales. Quiero hacer notar que una investigación científica sobre la mente, requiere que ésta sea necesariamente analizable empíricamente, por lo tanto, la mente es enten­dida en las neurociencias como el resultado de la actividad neuronal que se realiza en procesos naturales estrictamente biológicos. En este sentido, las neurociencias desestiman necesariamente el dualismo espíritu-materia platónico y cartesiano, y apuestan por la teoría de la identidad: los estados mentales son estados físicos del cerebro. El método de estudio utilizado es el denominado materialismo metodológico, que tiene el enfoque “de abajo hacia arriba”, es decir, las actividades cognitivas son actividades del sistema nervioso, y entonces, desde las unidades más pequeñas como pueden ser las neuronas, estudiando gradualmente estructuras y relaciones más complejas del cerebro, se pueden llegar a conocer los estados mentales.

 

Neurofilosofar sería entonces desde mi punto de vista, filosofar atendiendo a la introspección y al puro razonamiento, pero, complementado con las aportaciones científicas de las neurociencias, con el propósito de analizar las teorías y tesis filosóficas conocidas, y para intuir e inventar otras nuevas con fundamentos neurológicos.

 

Los objetos abstractos metafísicos, tales como la conciencia, el libre albedrío, las creencias, los determinismos, la realidad, la moral, la justicia, la libertad, la igualdad, el poder, la espiritualidad, la belleza, el conocimiento, o la felicidad, serían objeto de nuevas ramas neurofilosóficas como: la neuroética, neuropolítica, neuroteología, neuroepistemología o incluso la neurofelicidad.

 

4. «Homo economicus», altruismo recíproco, y «Homo reciprocans»

El «homo economicus» es un modelo de comportamiento humano donde el sujeto se considera constituido por tres características:

  1. Es racional en sus decisiones: las toma en términos de “coste de oportunidad”.
  2. Es maximizador de sus opciones de ganancia económica (“más” por “menos”).
  3. Piensa en su propio interés al tomar sus decisiones.

Las características racionales y maximizadoras, subyacen en los escritos de Adam Smith.

En el modelo del «homo economicus», el comportamiento y la toma de decisiones del sujeto, en razón de su propio interés, se considera que es completa y perfectamente racional: el sujeto conoce sus objetivos y es capaz de elegir con libertad entre diferentes alternativas —libertad entendida como voluntad individual consciente: «neurolibertad»—. Este modelo (versión idealizada, teórica y simplificada de la realidad) es una de las bases de la teoría económica liberal y es dogma en las escuelas de negocios.

 

En 1971 el historiador y biólogo Robert Trivers, ahondando en la estrategia racionalista, formuló los primeros argumentos del llamado altruismo recíproco, estrategia de esperanza de reciprocidad equilibrada, en la que se han de satisfacer tres condiciones:

  1. Tener la capacidad de calcular si hay bajos costes y grandes beneficios.
  2. Tener la capacidad de aceptar el desfase temporal entre el acto inicial de dar y el recíproco de recibir —reciprocidad indirecta—.
  3. Contar con múltiples oportunidades de interactuar, haciendo que dar sea dependiente de recibir.

El «homo reciprocans» es otro modelo de comportamiento humano desarrollado en 2005 por Martin Nowak y  Karl Sigmund, en el que la motivación del sujeto es la reciprocidad con otros sujetos con propensión a cooperar interesadamente, es decir, cuando damos algo es porque queremos algo a cambio, con lo que se mantiene un carácter de elección lógica-racional, en la que los sujetos perciben la cooperación, pero también, el sentido subjetivo de la equidad.

 

Resumiendo, tanto en el modelo del «homo economicus», como en el de «homo reciprocans» y la estrategia del altruismo recíproco, las decisiones del sujeto orbitan principalmente sobre razones y justificaciones lógicas.

 

5. Teoría de los juegos en economía

La teoría de los juegos en economía hace referencia al conjunto de instrumentos de matemática aplicada que los economistas emplean para estudiar las decisiones humanas en cuanto a decisiones económicas en la interacción entre varios jugadores. Se suelen utilizar árboles de decisión, programación lineal y cálculo de probabilidades, como herramientas para comprender los razonamientos de decisión de los jugadores.

 

Dos grandes grupos de juegos son: los de suma cero, y los de suma no nula. En los primeros, las ganancias o pérdidas de los participantes se equilibran exactamente con las ganancias o pérdidas de los otros participantes, es decir, suponiendo dos jugadores, lo que uno gana es porque el otro lo pierde en la misma cantidad. En los de suma no nula positiva, hay ganancia en mayor o menor medida en todos los participantes; el valor subjetivo de las cosas desempeña una importante influencia en las decisiones personales. Este modelo en el cual la estrategia es la de “todos ganan”, es una tendencia actual en economía y empresa, conocida como: win-to-win.

 

Uno de los juegos más conocidos de suma no nula, positiva o negativa, es “el dilema del prisionero”. La teoría de juegos como estudio matemático no se ha utilizado exclusivamente en la economía, sino en la gestión, estrategia, psicología o incluso en biología.

 

Los juegos ignoran o minimizan la influencia de las emociones, y se guían por una supuesta conducta perfectamente lógica-racional, tomando como modelo principal de referencia el «homo economicus», que busca maximizar el beneficio. El objetivo de experimentar con estos juegos, es tratar de encontrar patrones de decisión que permitan predecir conductas humanas, pero los resultados, en general, no corroboran actitudes racionales esperadas de maximización de beneficios y egoísmo, sino que aparecen resortes inconscientes que influyen sobre las decisiones, como el sentido subjetivo de lo que es justo e injusto, así como el de confianza o desconfianza injustificada racionalmente —mediante razones—.

 

6. Neurodeterminismo, neurolibertarismo y neurocompatibilismo

Neurodeterminismo y neurolibertarismo son dos tesis filosóficas antagónicas, referidas a la posibilidad de la neurolibertad individual consciente o libre-albedrio, es decir, a la posibilidad de que las elecciones y acciones humanas sean determinadas por el inconsciente como una relación causa-efecto, o a la posibilidad de que un sujeto tenga la capacidad de elección y acción mediante razones y justificaciones producidas por su consciente racional.

 

El neurodeterminismo sostiene que el cerebro humano es un sistema determinista, de manera que cada una de las decisiones que tomamos es el resultado de causas preexistentes: acontecimientos y estados cerebrales emocionales.

 

El neurolibertarismo aboga por que las acciones del individuo no están sujetas a ningún determinismo causal, sino que se producen por los razonamientos conscientes que el sujeto tiene para elegir y actuar, es decir, el sujeto al tener neurolibertad, obra por sus razones.

 

A medio camino se halla el neurocompatibilismo, que es una tesis que sostiene distintos grados de término medio entre el neurodeterminismo y el neurolibertarismo. Considera que la neurolibertad es compatible con el neurodeterminismo, es decir, las decisiones que toma el inconsciente pueden ser alteradas a posteriori por la razón consciente.

 

Es importante subrayar que no estoy refiriéndome al conocido determinismo universal, que como tesis metafísica dice: «Todos los eventos tienen causas que operan según leyes físicas del universo y que, a su vez, fueron causas por esas leyes operando en estados anteriores del universo en una cadena continua de causación que retrocede hasta el primer estado», sino que me refiero a otro término diferente: al neurodeterminismo, concepto relacionado exclusivamente con la relación cerebro y neurolibertad.

 

7. Instintos y emociones

El ser humano está compuesto por un binomio estructural: una parte innata, constituida fundamentalmente por los instintos naturales, el temperamento, la racionalidad y cierta capacidad lógica; y otra parte inseparable de la primera, que es coyuntural o sobrevenida, formada por el carácter y las emociones que se van adquiriendo y se forjan a lo largo de las experiencias de la vida.

Los instintos naturales son automatismos deterministas, inconscientes, innatos y universales, que posibilitan la supervivencia individual y de especie. El temperamento es una característica innata del ser humano que determina de alguna manera la forma de ser de una persona. Desde antiguo se definieron cuatro tipos de temperamentos: sanguíneo, colérico, flemático y melancólico. La racionalidad es la capacidad intelectual que permite entender, razonar, justificar y argumentar decisiones y acciones, lo cual posibilita la supervivencia de la sociedad. El grado de racionalidad en el ser humano es muy superior a otros antepasados nuestros como los homínidos.

La capacidad lógica es la facultad de encontrar relaciones entre los objetos, ya sean materiales o mentales. De modo intuitivo, es importante anotar sobre la capacidad lógica y de aprendizaje en los animales, en concreto en los primates. Sus comportamientos denotan claramente actitudes intencionales lógicas, basadas, entre otras, en el principio del modus-ponens, es decir, disponen estructuralmente de un marco inferencial básico. Ante una relación causal como es la provocada en los experimentos conductistas en animales, donde se experimenta sobre esa relación causa-efecto, las cobayas han de poseer necesariamente una mínima capacidad lógica que posibilite la repetición regular de su comportamiento, como así ocurre. Parece intuirse una correlación entre el estadio evolutivo y la capacidad lógica: a mayor grado de racionalidad de la especie animal, mayor intencionalidad causal modus-ponens.

El carácter es la “forma de ser” de una persona, conformado por los instintos naturales, el temperamento y sobre todo con la interacción con el medio natural social y cultural, por lo tanto, el carácter puede variar a lo largo de la vida. Las emociones son automatismos deterministas, inconscientes y adquiridos que subjetivan nuestra percepción e interpretación de la realidad, y dirigen en gran medida nuestra voluntad. Son sentimientos y estados de ánimo que tienen una gran influencia sobre nuestras decisiones y acciones.

Una especie de emociones son las sugestiones profundas cognitivas, también adquiridas a lo largo de la vida, que voy a definirlas como emociones cognitivas, porque están relacionadas con nuestras ideas, creencias, valores, juicios morales y extra-morales. Se adquieren fundamentalmente por adiestramiento mental debido a la repetición regular de conductas, experiencias y pensamientos semejantes. Pueden llegar a subyugar los determinismos instintivos. Por ejemplo, un individuo llega a dar su vida, su supervivencia existencial, por unas intensas creencias como los conceptos de patria o dios, contraviniendo con ello, el instinto natural de supervivencia física. En última instancia, las sugestiones profundas cognitivas son los resortes de nuestros sentimientos morales.

Debido a la adaptación evolutiva, el cerebro trata constantemente de automatizar nuestras reacciones ante el medio, puesto que así es más eficaz, más ventajoso y mucho más rápido que en el modo consciente racional reflexivo e interpretativo. Con este molde biológico cerebral, no parece desacertado intuir que se extiende también esta facultad de automatización no sólo a las decisiones determinadas instintivamente para la supervivencia o la recompensa del placer, sino también a todas las decisiones y elecciones en general. Los instintos, las emociones y las sugestiones profundas cognitivas son mecanismos inconscientes, y tienen el poder efectivo en la toma de elecciones y decisiones de todas las personas. Aunque tengamos la sensación de que “nosotros” ─nuestra consciencia, nuestra razón─ es la que decide, sin embargo, ésta puede limitarse simplemente a justificar, argumentar y reforzar las elecciones que ya han sido tomadas previamente por el inconsciente, centésimas de segundo, incluso hasta siete segundos antes, según los últimos descubrimientos neurocientíficos.

 

Esta tesis neurodeterminista es de suma importancia en algunas disciplinas como el neuromarketing, la neuroeconomía y la neuropolítica, para enfocar estrategias de persuasión y manipulación de masas. Con las técnicas funcionales de neuroimágenes se puede llegar a saber qué áreas o regiones encefálicas se activan al realizar una determinada tarea cognitiva, lo que posibilita de una forma precisa conocer los verdaderos resortes emocionales que motivan la conducta humana.

 

Un ejemplo de aplicación de esta tesis, es que el ochenta por ciento de los estudios de marketing tradicionales arroja predicciones fallidas en las ventas, siendo éste el motivo por el interés que ha despertado el neuromarketing en las grandes empresas. La miniturización de los equipos de neuroimágenes y de resonancia magnética, que permitirán la portabilidad al contexto in-situ de toma de decisiones del comprador, mejorará en altísimo grado la monitorización del cerebro, y con ello un incremento notable en la probabilidad de saber lo que el individuo realmente siente o desea. Probablemente los estudios demoscópicos tradicionales tienen los años contados. La neuropolítica sigue la misma estela tecnológica para asegurarse de las reacciones y decisiones deseadas en los individuos para crear, reforzar y despertar las creencias y valores emocionalizados —automatizados— en el inconsciente.

 

8. Neuroeconomía

La economía se define como «la ciencia que estudia el comportamiento humano en relación con la toma de decisiones sobre unos medios escasos que tienen diferentes usos». En esencia, la actividad económica consiste en la cooperación para producir bienes y servicios, junto con su distribución para el consumo social.

 

La economía clásica toma el modelo del «homo economicus», aquel que considera al sujeto completa y perfectamente racional, como el referente de los patrones de conducta y decisiones económicas. Sin embargo, las emociones han ido ganando terreno a la cognición consciente, y en 1967, Herbert Simon, economista y premio Turing 1975 por sus aportaciones a la inteligencia artificial, desarrolló y acuñó el término «hombre de racionalidad limitada» para referirse a la toma de decisiones económicas con ingredientes irracionales —instintos y emociones—.

 

La neuroeconomía es una reciente disciplina científica que estudia el comportamiento humano económico aprovechando las técnicas de la neurociencia cognitiva, tales como las neuroimágenes funcionales. La neurociencia cognitiva estudia el cerebro humano con respecto a la conducta humana, en concreto, qué áreas o circuitos neuronales se activan y bajo qué parámetros de la conducta lo hacen, de manera que pueden aportar información para diseñar un nuevo modelo o teoría de “hombre económico”, donde parece que la racionalidad no es un factor necesario y determinante como en el «homo economicus» tradicional.

 

Parece haber un amplio consenso entre los especialistas en la materia, de que posiblemente sea la recompensa del placer lo que subyace a la toma de decisiones por mecanismos inconscientes; el placer físico, psíquico, intelectual y emocional puede detectarse en el sistema límbico del cerebro mediante las técnicas de neuroimagen. Esto nos llevaría a la tesis neurodeterminista de que la decisión de elegir algo es tomada por el inconsciente, mientras que el consciente, reduciría su función a la justificación y argumentación de lo que el inconsciente ha elegido previamente por emocionalidad de una manera automática. Mi hipótesis dice así:

 

«Es la recompensa del placer lo que subyace a las decisiones determinadas por las sugestiones profundas»

 

Es decir, una decisión económica no sería tomada inicialmente en base a la reflexión racional, sino a la intuición inconsciente; por ejemplo, la elección de adquirir hoy en día un coche híbrido, considerándolo más caro a corto, medio y largo plazo que uno convencional, estaría motivada tanto por la sugestión de adquirir un coche nuevo, como por la sugestión profunda o “concienciación” del sujeto en materia de creencias y valores ecológicos. La satisfacción de la sugestión profunda, sería lo que nos proporcionaría inconscientemente el placer. La decisión de adquirir el coche híbrido, estaría tomada inicialmente por el inconsciente, y a posteriori, la razón trataría de argumentarla y justificarla; sin embargo, si la decisión no tiene efecto práctico en un tiempo relativamente inmediato, la posible reflexión racional que se diera durante el desfase temporal entre la intuición y la acción final, podría desbaratar los planes determinados por el inconsciente, dando entonces, una posibilidad a la neurolibertad. Lo mismo puede aplicarse a la conducta humana en otros ámbitos diferentes como la política.

 

Esta hipótesis neurocompatilista de conducta económica sustentada en una relevante influencia determinista de las sugestiones profundas, la denomino «homo neuroeconomicus», y a mi parecer, complementa el modelo de «hombre de racionalidad limitada» de Herbert Simon.

 

La neuroeconomía, como ciencia de la economía nutrida por los datos neurocientíficos, puede reforzar o debilitar las teorías sobre la conducta económica humana, como la del «homo economicus», y la del «homo neuroeconomicus».

 

Arturo Gradolí.

Març 2013

v2.1

www.neurofilosofia.com

Print Friendly, PDF & Email