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No hay hechos, hay interpretaciones. «No al sexo rey»

07/2013

poderDecía Foucault, que el poder es la razón que ve, que domina, que instrumenta y que controla. Hasta las ciencias humanas estudian al hombre para conocerlo y dominarlo mejor. El poder tiene el poder de producir, de crear y de imponer su verdad, y la razón ha sido instaurada para dominar a los hombres.

 

La verdad absoluta no existe, sino que existen interpretaciones múltiples de los hechos. Foucault se apoya en la tesis de Nietzsche: «No hay hechos, hay interpretaciones», para decir que el poder crea la verdad, por lo que ante un hecho, cada individuo crea su interpretación del mismo, esto es, su propia verdad. Sin embargo, es el poder, el que dispone de los medios para imponer su interpretación a los demás.

 

El poder es la capacidad que tiene una persona o un determinado grupo de imponer su verdad como verdad para todos, con el fin de dominar las voluntades y las conciencias en beneficio propio. Además tiene la potencialidad de sofocar las demás verdades que no disponen del poder suficiente para imponerse. En los últimos años, esta tesis es utilizada por los poderes institucionales y fácticos para tratar de controlar los medios de comunicación y así difundir repetidamente la interpretación o versión de los hechos que estratégicamente les benefician, con el fin de alcanzar los objetivos de control de masas y sacar ventaja política, económica o de cualquier otro tipo. Se trata de sujetar la subjetividad de los sujetos utilizando la racionalidad estratégica o instrumental para dominar la naturaleza y las personas. Y así, siglo tras siglo …

Michel Foucault  (1926-1984)      «No al sexo rey»

Suelen distinguirse tres etapas en la obra de Foucault. La primera que cubre de 1961 a 1969 se conoce bajo el nombre de arqueología y está centrada alrededor de la cuestión del saber. La segunda, entre 1971 y 1976 denominada genealogía, donde comienza Foucault a preguntarse por el poder, tomando a Nietzsche como referente; y la tercera a partir de 1978, gira alrededor de la subjetividad, de las técnicas o tecnologías de la subjetividad.

La diferencia entre arqueología y genealogía es la que media entre un procedimiento descriptivo y uno explicativo. La arqueología pretende alcanzar un cierto modo de descripción de los regímenes de saber en dominios determinados y según un corte histórico relativamente breve. La genealogía intenta, por recurso a la noción de relaciones de poder, explicar en una mayor extensión histórica esos regímenes de saber.

Para Foucault no hay saber sin poder ni poder sin saber. La propia investigación de Foucault es una práctica y un proceso sujeto a constante revisión: la “arqueología”, tal como se enuncia en “Las palabras y las cosas” y “La arqueología del saber” están enmarcadas en una visión estructuralista que disociaba las practicas discursivas de las no-discursivas, problema que Foucault intentará resolver con la publicación de “Vigilar y Castigar” donde aparece claramente una ruptura con el estructuralismo de la mano de su interpretación de la filosofía de Nietzsche. La historia-genealogía, de acuerdo con Foucault, es un tipo de saber histórico que no descansa sobre ningún absoluto.

ése ha sido siempre el problema que me ha preocupado: los efectos de poder y la producción de «verdad»

Para Foucault, el poder es la razón que ve, que domina, que instrumenta, que controla; hasta las ciencias humanas estudian al hombre para conocerlo y dominarlo mejor. El poder tiene el poder de producir, de crear, y de imponer su verdad, y la razón ha sido instaurada para dominar a los hombres.

La verdad absoluta no existe, sino que existen interpretaciones múltiples de los hechos. Foucault se apoya en la tesis de Nietzsche: «No hay hechos, hay interpretaciones», para decir que el poder crea la verdad, es decir, ante un hecho, cada individuo crea su interpretación del hecho, su verdad, pero el poder es el que dispone de los medios para imponer su interpretación a los demás. La interpretación no se puede acabar jamás, esto quiere decir simplemente que no hay nada que interpretar porque en el fondo toda percepción es interpretación subjetiva.

El poder es la capacidad que tiene una persona o un determinado grupo de imponer su verdad como verdad para todos, con el fin de dominar las voluntades y las conciencias en beneficio propio. Además tiene la potencialidad de sofocar las demás verdades que no disponen del poder suficiente para imponerse. En la actualidad, esta tesis es utilizada por los poderes institucionales y fácticos para tratar de controlar los medios de comunicación y así difundir repetidamente la interpretación o versión de los hechos que estratégicamente les benefician, con el fin de alcanzar los objetivos de control de masas y sacar ventaja política, económica o de cualquier otro tipo. Se trata de sujetar la subjetividad de los sujetos utilizando la racionalidad estratégica o instrumental para dominar la naturaleza y las personas.

Para Foucault, vivimos hoy en un archipiélago carcelario, un gran panóptico social: el poder observa y controla pero no se deja observar. El orden es un medio para hacer trabajar, y el trabajo es un medio para hacer reinar el orden. La organización controlada y programada es aplicable a diferentes actividades, y les confiere su eficacia según los casos: militar, industrial, pedagógico, médico. El orden transforma técnica y mentalmente el individuo en un sistema panóptico, y esto ha ocurrido desde siempre, aunque en la modernidad se ha acentuado e instaurado “gracias” a las tecnologías de la  comunicaciones, entre otras. Esto significa que visto desde una perspectiva temporal, hay picos y valles en el panóptico de la humanidad.

Desde aquí se puede entender la concepción de la historia de Foucault, en cuanto que no es un devenir histórico lineal de hechos racionales encadenados en términos de dialéctica y necesidad, sino que la historia es una discontinuidad construida a través de verdades múltiples, de multiplicidad de verdades donde existen luchas, odios y enfrentamientos entre los hombres, debido todo ello al deseo de querer imponer una verdad sobre otras verdades, lo que produce las colisiones mencionadas. El campo de batalla es el dominio de la verdad, donde la historia no se explica a través de los grandes eventos lineales (guerras, reyes, revoluciones…) sino como una multiplicidad de hechos difíciles de entender.

Foucault acuña el término tecnologías del poder, aquellas que determinan la conducta de los individuos, que los someten a cierto tipo de fines o de dominación, y que consisten en una objetivación, una cosificación del sujeto. En Tecnologías del yo, la tecnología del poder va muy de la mano de otras tres tecnologías donde cada una de ellas está asociada con algún tipo particular de dominación: tecnologías de la producción, que nos permiten producir o manipular cosas; tecnologías de sistemas de signos, que nos permiten utilizar signos, sentidos, símbolos o significaciones; y tecnologías del yo, que permiten a los individuos efectuar, por cuenta propia, o con ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta o cualquier otra forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos con el fin de alcanzar  cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad.

Dos principios reflejan el espíritu clásico en la tecnología del yo. El precepto “Conócete a ti mismo”, que posiblemente no era un principio abstracto referido a la vida, sino un consejo práctico que ante el templo de Delfos significaba: “no supongas que eres un Dios”, y el segundo, quizás olvidado, escondido y desdibujado: “Ocúpate o preocúpate por ti mismo”, era para los griegos, uno de los principales principios de las ciudades para la conducta personal, social, y para el arte de la vida.

Los estoicos practicaban el examen de conciencia, la meditación, la gymnasia y la dirección de conciencia. El primero venia referido a la comparación diaria entre lo que se debería o esperaba haber hecho, y lo que realmente se había realizado. La meditación era un ejercicio intelectual para examinar reacciones en escenarios cercanos éticos imaginados: supongamos que… ¿cómo reaccionaría yo ante ..? El fin era lograr el control sobre las pasiones desde la racionalidad. La gymnasia era en esencia similar a la meditación pero sobre experiencias reales: abstinencia alimentaria y sexual básicamente. La dirección de conciencia también predominaba en ciertos ambientes cultos en forma de consejos dados en circunstancias particularmente difíciles para alguien.

En el cristianismo primitivo se produce una transformación de las tecnologías del yo en tecnologías de poder, ya que el “martirio antes que abandonar la fe” significaba la renuncia a uno mismo, el rechazo al yo. El examen de conciencia era referido a la obediencia y la contemplación de Dios para tratar  de inmovilizar la conciencia y eliminar los movimientos del espíritu que le apartan a uno de las virtudes religiosas. La obediencia se convierte en una virtud, un fin en sí mismo, un estado permanente. Es entonces el confesor y no la propia conciencia, el que posee los criterios de corrección morales y el poder de absolución en el catolicismo. La meditación y la gymnasia permanecen similares pero con influjos morales religiosos. La dirección de conciencia se transforma en obedecer las sugerencias y prescripciones del pastor.

El pastorado o modalidad pastoral como tecnología de poder, es ya observada en las sociedades orientales antiguas (Egipto, Asiria y Judea). Los faraones y reyes eran también los pastores de su pueblo-rebaño: “El pastor que lleva a los hombres a los mejores pastos y cuida de su rebaño”.. “y de su salvación (Judea)”.

En el cristianismo, el lazo con el pastor es un lazo individual, un lazo de sumisión personal, donde la voluntad del pastor la cumple el obediente no por ser conforme a la ley, sino principalmente por ser la voluntad del pastor: el poder es el pastor del hombre. La tecnología pastoral en la gestión de los hombres trastornó profundamente las estructuras de la sociedad antigua. El pastorado es una técnica complicada que requiere un cierto nivel de cultura, tanto por parte del pastor como por parte del rebaño, pero en un grado que sólo sea suficiente en la medida de que el individuo nunca pueda llegar al propio cuestionamiento de las creencias instauradas en la conciencia. Esta concienciación o automatización se logra por repetición sistemática de discursos semejantes basados en una verdad proclamada como absoluta. necesaria e incuestionable..

Para Foucault, el poder no es una sustancia, tampoco es un misterioso atributo cuyo origen habría que explorar. El poder no es más que un tipo particular de relaciones entre individuos, y estas relaciones son específicas, no tienen nada que ver con el intercambio, la producción y la comunicación, aunque estén asociadas entre ellas. El rasgo distintivo del poder es que algunos hombres pueden, más o menos, determinar por completo la conducta de otros hombres, pero jamás de manera exhaustiva o coercitiva. Un hombre encadenado y azotado se encuentra sometido a la fuerza que se ejerce sobre él, pero no al poder. No hay poder si no hay rechazo o rebelión en potencia.

La racionalidad política se ha desarrollado e impuesto a lo largo de la historia de las sociedades occidentales. Primero se enraizó en la idea de un poder pastoral, y después en la razón de Estado: la individualización y la totalización son efectos inevitables.

—… Usted escribe: «Donde hay poder hay resistencia» ¿No entra así otra vez en juego esa misma naturaleza de la que usted declaraba hace un momento que había que liberarse?

 «Poder y Resistencia en Michel Foucault» ofrece un análisis del poder y la resistencia desde las obras de Vigilar y Castigar (1975) hasta las elaboraciones del primer volumen de Historia de la sexualidad, la voluntad de saber (1976). En este periodo (genealógico), la resistencia no es reactiva ni negativa, es un proceso de creación y de transformación permanente; desempeña en las relaciones de poder, el papel de adversario, de blanco, de apoyo, de saliente para una aprehensión. Los puntos de resistencia están presentes en todas partes dentro de la red del poder, de manera que es verosímil que donde hay poder hay resistencia.

Para Foucault el poder es el poder de la razón, lo que usa el poder es la razón, y no hay nada que cuestione más a la razón que la locura, la negación, la antítesis de la razón.

La crítica a la razón que Foucault hace, está basada en Adorno y Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración, donde criticaban la razón instrumental que venia del iluminismo como diosa razón, y que se convertía en razón instrumental para manipular y dominar a la naturaleza y a los hombres (su aplicación más macabra ocurría en Auschwitz).

Foucault se basa en ese texto y en la concepción de Heidegger de la razón, y desarrolla su propia concepción de la razón en Historia de la locura en la época (1961) clásica y Vigilar y Castigar, donde Foucault estudia lo que denomina las sociedades disciplinarias.

La sociedad disciplinaria se caracteriza porque el régimen de producción de verdad se constituye a través de una red de dispositivos y aparatos que producen y regulan tanto costumbres como hábitos, prejuicios y prácticas sociales. La sociedad disciplinaria se pone en marcha a través del aseguramiento de la obediencia a sus reglas, procedimientos y mecanismos de inclusión y de exclusión, aseguramiento que se logra por medio de instituciones disciplinarias como la prisión, la fábrica, el asilo, el hospital, la universidad, la escuela y los manicomios, las cuales estructuran el terreno social y presentan lógicas adecuadas a la «razón» de la disciplina. En definitiva, el individuo queda constreñido por la estructura (creencias, costumbres, prejuicios, convicciones, tradiciones …).

¿Cómo uno se resiste al poder? Foucault creo que nunca dejó claro cómo aparece y se gestiona la resistencia al poder, porque para él lo que hace que un hombre se revele, es inexplicable.

¿Cómo nos resistimos al poder?: está pendiente de escribir siguiendo la estela de Foucault, el filósofo que junto a Nietzsche, más claro ha escrito sobre las relaciones de poder.

Arturo Gradolí.

Juny 2013

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