Neurofilosofía

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SOBRE ABDERA. Un mundo que provoca extrañeza y anima el ánima de la inagotable chispa de la creatividad

11/2015

AbderaBostezo. Estiro los brazos mientras bostezo de nuevo. Acaricio la sábana de seda mientras contemplo la luminosidad de las lunas blancas y rosadas que siempre están ahí. Me miran y me provocan el placer de imaginar, de anticipar que hoy las inquietas y bellas musas del Olimpo Neural alimentarán mi deseo de vivir con total plenitud. Una gran semiesfera cristalina protege mi confortable estancia. Transparente como el agua que brota de un manantial, me seduce a contemplar el firmamento en todo su esplendor y me resguarda del extremo frío exterior. Un frio húmedo que domina este maravilloso planeta colonizado por los humanos.

    

No sé, creo que dedicaré unas horas a leer a los clásicos: Aristóteles, Kant, Nietzsche, quizás Arendt. Luego visitaré a mis compañeros. Siento el deseo de encontrarme entre ellos. Desayuno chocolate bien caliente, como a mí me gusta, preparado con delicadeza por mi sirviente más querido. Echo de menos en él un sutil toque humano. Siempre es perfecto, atento, coloquial, incluso a veces me parece que tiene intencionalidad humana, pero no, yo sé que está diseñado y determinado por sus hacedores sólo para ofrecerme una vida más cómoda. Una ducha templada y un paseo relajado por el bosque me ayudarán a aliviar la somnolencia.

    

«El frondoso bosque es como un fantasear de Dalí hecho realidad. Los árboles son de color esmeralda y rubí. Àlex, mientras deambula entre manzanos, olivos y almendros de flores perfumadas, siente que es una mujer muy afortunada al vivir en este planeta de ensueño.»

    

─¡Hola Quimera!, hoy estás especialmente bello.

    

─Gracias Àlex. Discúlpame pero voy con prisas, llego tarde a una convención. Hasta luego hermosa amiga ─dice el centauro apresuradamente.

    

─Te deseo un buen día ─le responde ella cariñosamente─ cuando de repente se entristece al pensar que pronto deberá retornar a su madre Tierra, cuna de su especie donde se gestó la idea de este mundo. Alejado, muy alejado del nuestro, es este un mundo menudo, como una esfera pequeña, viva y cambiante como una recién nacida que no sabe todavía que es, o qué quiere ser. No sabe todavía que debería ser fría en los polos y caliente en el resto de su cuerpo. Sus mares son de esencia de mar azul, las montañas de esencia de helio liviano, el aire es de aire cristalino puro. Las lunas, esas blancas y rosadas que siempre están ahí, enormes y muy cercanas, contemplan este mundo con atrevimiento. Son de esencia de luna con un brillar incesante, casi perpetuo, que día y noche alumbran tenuemente este extraño planeta con su interminable brillar.

    

Las criaturas que habitan este mundo no son de este mundo. Están en él, pero no son de él. Son hijas de la biotecnología, de la imaginación, y de esas ficciones humanas que han permitido crear todos esos imaginarios que tanto nos han hecho soñar: centauros, unicornios, sirenas, duendes y viajes imposibles. Pero esa imaginación no puede agotarse en lo ya conocido, debe continuar, debe seguir alimentando las fantasías que tanto nos mueven y nos conmueven.

    

Éste es un mundo que provoca extrañeza y anima el ánima de la inagotable chispa de la creatividad. Un bello lugar para prepararse con rigor intelectual y con mucha emoción en el arte de escribir buenos relatos. Un mundo fantástico  …  ese es Abdera.

  

Àlex, una mujer perteneciente a las nuevas especies humanas nacida y criada en Abdera, un lejano planeta colonizado y poblado por los humanos hace siglos, visita de nuevo su Madre Tierra y nos cuenta sus experiencias en los viajes de Realidad Virtual Inteligente 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arturo Gradolí. Informàtic, Filòsof i Màster en Història i Comunicació de la Ciència (UPV-UV)

@ArturoGradoli

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