Neurofilosofía

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Sobre la plaça Redona de València

03/2013

RedondaplazaLa plaça Redona está situada en el centro histórico de la ciudad, es de dimensiones reducidas, y como su nombre previene es de forma circular. Una breve fuente de cuatro chorros la preside, y desde todos los balcones se puede contemplar su tranquilo chorrear. En verano, a mediodía, el sol la inunda.

Recuerda su redondez a un tambor de banda de música tradicional desprovisto de uno de sus parches: la Redona acostumbra a repiquetear con el taconeo de viandantes y tenderas inquietas. Se relaciona con el mundo a través de unos callejones por donde la multitud la llena y la vacía con la regularidad de un corazón palpitante: ella es el legítimo corazón de València.

De madrugada, unos hombres y mujeres con botas de goma la limpian con avidez. La muy presumida, reluce y espera. Las tiendas que se apostan alrededor de su fuente disponen de un surtido muy diverso de objetos y seres vivos: delantales, camisas, pájaros, gatos, flores, y todo tipo de artilugios que son ofrecidos a los paseantes curiosos. Asentados a su alrededor, bares y tabernas abren sin prisas. El vino y los cacahuetes presiden las mesas mientras los camareros charlan y esperan a sus clientes. Un viejo madrugador acodado a la barra observa con atención su medio chupito de cazalla. Una tendera haciendo el dobladillo de una sábana alza su mirada al momento en que las campanas de la Catedral comienzan a competir con las cotorras enjauladas.

Los callejones empiezan a verter humanidad en la Redona, y entonces, la tendera deja de doblar, los camareros se avivan, y el abuelo apura el trago. Las aves, ahora graznan, los perritos ladran y los gatitos duermen. La fuente de los cuatro chorros seduce con su canto a las parejas a sentarse en su baranda para charlar de no sé qué.

Y así, año tras año …

Arturo Gradolí.

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