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Arte y filosofía, Vincent van Gogh y Nietzsche

06/2016

La Iglesia de Auvers-sur-Oise es una de las últimas obras de Vincent van Gogh (1853-1890). En el cuadro se observa un camino que se escinde y arremolina el templo por ambos lados. En 1890, Vincent estaba intranquilo, quizás turbado, y sus preocupaciones quedaron reflejadas en esta pintura donde posiblemente se debatía entre el camino de vivir o el de morir.

Su fama incipiente y la muerte en su mejor momento artístico, sugiere de lo que era capaz de crear. En este sentido, en la fascinante Iglesia que van Gogh pintó en los últimos meses de su vida que estuvieron repletos de sufrimiento y angustia, parecen revelarse los fantasmas que amenazaban su mente y que, acaso, pudieron llevarle a la mutilación de una oreja.

El juicio definitivo sobre qué es arte y qué no es arte, lo da el tiempo, y esta obra de Vincent van Gogh hoy día perdura: es arte. Vincent abrió una nueva forma de pintar, de expresar los pensamientos, las emociones, porque liberó definitivamente la subjetividad de las estrecheces a la que había sido sometida a lo largo de los tiempos. 

Colores fríos

Se percibe en la pieza artística que todo el conjunto está en constante movimiento. El cielo de un azul oscuro recuerda a su técnica de la pincelada en espiral de su Noche estrellada de 1889. Vincent no observa el mundo como algo estático, sino como un fluir constante que parece animado por la vida.    

En el conjunto de la obra predominan los colores fríos: azul, verde y violeta. Sólo el anaranjado de algún tejado produce un pequeño contrapunto, por lo que la luminosidad y el contraste son poco acusadas en esta obra pictórica donde la luz procede de algún lugar inencontrable.

Se utilizan deliberadamente los colores intensos, homogéneos, fríos, en lugar de colores realistas. Quizás para reflejar las intenciones del artista en mostrar su sentimentalismo, aumentado por las retorcidas formas de la construcción. El cielo diurno no tiene transparencia, es opaco, duro, pesado, metálico, como una fatal tormenta en la inmensidad del Hades. El toque es personal y característico de van Gogh, un acabado pintado a lo valiente, con trazos fuertes y seguros, sólo para emociones puras.    

Imagen iglesia

La obra se inspira en la capilla del mismo nombre. La iglesia que se alza sobre una colina levemente elevada a pocos kilómetros de París, fue fundada a finales del siglo XI. De estilo románico tardío en los capiteles, cambió al estilo gótico temprano con ventanas arqueadas y bóvedas de crucería a medida que se remodelaba y ampliaba a lo largo de la historia.

Para Vincent, la iglesia no tenía ningún significado histórico. Hace uso de la exageración, de la deformidad y de los colores fríos para poder expresar y comunicar su estado anímico angustiado, quizás desesperado. El templo no irradia luz propia, parece estar interiormente oscura, como una noche opaca. La campesina discurre furtivamente como queriendo llegar rápidamente a algún lugar, sin duda, animada por el ánima del propio camino que la incita a seguir caminando.

La expresión de las emociones

Esta obra artística se enmarca dentro de la vía expresiva del postimpresionismo, un término histórico-artístico que se aplica a los estilos pictóricos de finales del siglo XIX y principios del XX que siguieron al impresionismo. Los representantes más importantes de este estilo son: Cézanne, Gauguin, Toulouse-Lautrec, Signat y van Gogh.

El postimpresionismo rechaza de plano el naturalismo impresionista. Sin menospreciar para nada la luz, recupera la importancia de la forma y el color que se aplica en superficies amplias con pinceladas sueltas y superpuestas. De esta manera, van Gogh abrió las puertas al expresionismo del siglo XX que trata de conmover al espectador, porque incorpora en sus obras la expresión de las emociones, una cualidad que ya sería avanzada a finales del siglo XVIII por el Romanticismo.

Liberadores

Esta pieza maestra refleja el advenimiento de un cambio radical a la cosmovisión del siglo XX en el cual también participaría el filósofo Friedrich Nietzsche (1844-1900). Mientras que este abominaba de un mundo dominado por los dogmas y los fanatismos, van Gogh rehuía un mundo artístico dominado y dirigido por los academicistas. Ambos no trataban de complacer a nadie, porque buscaban nuevas formas de entender y expresar la vida sin estrecheces morales ni estéticas, buscaban, en definitiva, de manera filosófica uno y estética el otro, crear el nuevo mundo moderno.

Se dan muchas coincidencias ellos: coetáneos, hijos de pastores protestantes, rebeldes, incomprendidos, con hermanos que influyeron en sus vidas, rechazados por una primera mujer y nunca tuvieron una relación estable con ninguna otra. También tuvieron una muerte indeseable, pero, sobre todo, los dos fueron liberadores en cierto modo de la humanidad. Nietzsche quiso liberarnos de la tutela moral establecida, de la eticidad de la costumbre, es decir, la moral que identifica la buena acción con las normas morales establecidas del momento contextual e histórico, y van Gogh, quiso liberarnos de las normas del color y de la subjetividad constreñida, de la esteticidad del arte, por así decirlo. Sus influencias fueron determinantes para los años venideros.

Para Friedrich Nietzsche, los filósofos tenían que ser artistas y creadores para poder expresar totalmente sus pensamientos y emociones. Vincent van Gogh, el genio pelirrojo era artista y filósofo de la vida: Arte y Filosofía.

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vincent van gogh

Arturo Gradolí. informàtic, filòsof, historiador. Doctor en estudis històrics i socials sobre ciència, medicina, tecnologia i comunicació científica.

Diari La Veu del País Valencià

Arturo Gradolí

Novembre de 2014

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