Retos y riesgos de la Inteligencia Artificial

Colegio de economistas de València (12-12-2025)

Resumen ponencia Arturo Gradolí

Vivimos en una sociedad compleja que el sociólogo Ulrich Beck definió como sociedad del riesgo mundial: una fase de la modernidad en la que el progreso tecnológico genera bienestar, pero también riesgos globales capaces de transformar radicalmente nuestras vidas. Entre estos riesgos emergentes y entrelazados, destacaré dos: el Desempleo Tecnológico masivo causado por el despliegue de la IA y el riesgo que denomino Tecnoabsolutismo Global.

El Tecnoabsolutismo Global describe un nuevo modelo de poder en el que élites tecnológicas y corporativas emplean la IA para concentrar autoridad, controlar la información y erosionar los mecanismos democráticos. Se trata de un riesgo intencional, pues nace de corrientes ideológicas que consideran la democracia un sistema ineficiente y plantean sustituirla por formas de gobierno autoritario y elitista. En ocasiones, estos actores adoptan un discurso mesiánico sobre el destino de la Humanidad. Todo esto constituye una deriva profundamente preocupante.

Paralelamente, asistimos a un fenómeno sin precedentes: por primera vez desde la Revolución Industrial, la tecnología —en particular la IA y la robótica— puede destruir empleo más rápido de lo que nuestra economía es capaz de crearlo. A esa destrucción neta de trabajo humano se denomina Desempleo Tecnológico (a l’assaig de 1930, Economic Possibilities for our Grandchildren, Maynard Keynes defineix la desocupació tecnològica com: una desocupació causada pel descobriment de mitjans per estalviar mà d’obra més ràpidament del que podem trobar nous usos per a aquesta mà d’obra).

. No se trata de un ciclo habitual ni de una transición sectorial. Es un cambio estructural que pone en cuestión los fundamentos del bienestar económico y, con ello, la estabilidad democrática.

Profesiones enteras —como la administración, el transporte, la informática, la atención al público o incluso segmentos iniciales de la abogacía— están llamadas a ser parcial o totalmente automatizadas en el medio plazo. Este proceso puede derivar en un desempleo amplio y estructural, con efectos persistentes sobre la desigualdad social y con capacidad para transformar de manera profunda la organización del trabajo y la estructura social en su conjunto.

En este escenario, conceptos como la Renta Básica Universal dejan de ser una utopía teórica para convertirse en una herramienta económica posible y razonable. Desde la perspectiva macroeconómica, la RBU funciona como un estabilizador automático capaz de sostener la demanda agregada y proteger la cohesión social en un mercado laboral profundamente automatizado.

Recordaré que la Renda Básica Universal es una prestación monetaria que el Estado proporciona a todas las personas, de manera individual, incondicional i independiente de su situación laboral, nivel de ingresos o patrimonio. Su objetivo es asegurar un mínimo de seguridad material que permita cubrir las necesidades básicas de toda la ciudadanía.

Tan temprano como en 2016, la Unión Europea ya advirtió este desafío. En un documento oficial afirmaba: «…a la luz de la repercusión que la robótica y la IA podrían tener en el mercado de trabajo, debería considerarse seriamente la introducción de una renta básica universal, e invita a los Estados miembros a reflexionar sobre ello».

En resumen, los dos riesgos globales que he mencionado, el modelo político y económico Tecnoabsolutismo Global y el Desempleo Tecnológico masivo, se refuerzan mutuamente. Por lo tanto es necesario reflexionar sobre ellos para evitar que se conviertan en una catástrofe. No podemos permanecer pasivos ante los riesgos de la IA, y debemos influir para que los políticos los incorporen en sus agendas como problemas prioritarios a abordar.

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Decía el filósofo y matemático Bertrand Russell allá por 1935 en su ensayo «Elogio de la Ociosidad», que un hombre que ha trabajado muchas horas a lo largo de toda la vida, se aburrirá si de pronto se encuentra ocioso, y también reflexionó acerca de las posibles repercusiones de este nuevo sistema de ocio generalizado. Merece la pena reproducir íntegramente su reflexión:

Las diversiones de los habitantes de las ciudades modernas tienden a ser cada vez más pasivas y colectivas, y a reducirse a la contemplación inactiva de las habilidosas actividades de otros. Sin duda, tales diversiones son mejores que ninguna, pero no son tan buenas como podrían serlo las de una población que tuviese, gracias a la educación, un campo más amplio de intereses intelectuales relacionados con el trabajo. Una mejor organización económica que permitiera a la humanidad beneficiarse de la productividad de las máquinas, conduciría a un gran aumento del tiempo libre, y el mucho tiempo libre tiende a ser tedioso excepto para aquellos que tienen considerables intereses y actividades inteligentes. (Russell, 2000 pp. 42-43).

¿Y si trabajar fuera opcional?

Cierto es que, la ociosidad, como estilo de vida de griegos y romanos —en general a costa del trabajo de los esclavos—, desarrolló las artes, la filosofía, la ciencia y la tecnología. Quizás en un futuro cercano, con un sistema social y económico que favorezca la ociosidad inteligente, podrían despuntar y florecer nuevos inventos al servicio de toda la Humanidad. En definitiva, ya se verá.

Arturo Gradolí. Doctor en estudis històrics i socials en ciència, tecnologia, medicina i comunicació científica. Filòsof, informàtic i historiador. 

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